El arte del mal

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El poder del pincel no tiene límites

Ruth era una niña muy alegre y querida por sus vecinos. Incluso me atrevería a decir que en todo el pueblo. Era un lugar sencillo. Vivían del campo, tanto del ganado como de la agricultura.

Ruth tenía una mejor amiga, una diferente a las demás. Era una vaca llamada Lili. Todas las tardes, cuando sacaban a las vacas a pasturar, Ruth se iba con su mejor amiga y paseaban por los pastos y ella jugaba, feliz.

Una niña nueva se había mudado ese mismo fin de semana. Era huérfana de madre, pero contaba con el amor y el apoyo incondicional de su padre, que era cocinero. Él necesitaba cambiar de aires. Sentía que en la ciudad estaba desperdiciando sus habilidades. Por esto es que se fue al pueblecito de Ruth, en busca de nuevos sabores e inspiraciones.

El lunes después de su llegada fue que se conocieron, pues su maestra la presentó a sus nuevos compañeros de clase. La maestra Elena era muy buena con los niños. Sabía enseñarles y al mismo tiempo conseguir que se diviertan.

Al salir de clase y haber terminado la lección de hoy, Ruth se acercó a quien iba a ser su futura amiga, Alex. Se fueron a merendar juntas a casa de Alex. Su padre, Ronny, les preparó unos deliciosos sándwiches acompañados de zumo recién exprimido de naranja.

Quisieron ir al jardín de atrás a jugar mientras terminaban de merendar. Era un espacio pequeño, pero lo suficientemente grande para que pudieran jugar las dos. Pero podrían tener más espacio si no estuviera esa furgoneta ahí aparcada, pensó Ruth.

Alex se dió cuenta de que su nueva amiga estaba mirando la antigua furgoneta de su padre. Le dijo que su padre no le dejaba entrar porque dentro guardaba sus herramientas de trabajo y se podría romper algo o incluso hacerse daño.

Ruth no veía qué había de peligroso en entrar a ver si no tocan nada, así que sin escuchar las súplicas de su nueva amiga, entró dentro. Pero salió corriendo y se marchó a casa llorando. No quería volver a esa casa nunca más. Tendría que haber hecho caso a Alex, pero ya era tarde. Algo desconocido le hizo sentirse muy mal.

Ronny le preguntó a su hija qué había pasado. Por qué estaba Ruth llorando. Alex, que siempre era sincera con su padre, le contó lo sucedido. Acto seguido, Ronny palideció. Le prohibió a su hija que volviera a ver a esa niña nunca más.

Según iban pasando los días, Ruth interactuaba cada vez menos con la gente, hablaba menos, sonreía menos. Era como ver una estatua de piedra andante. Sus padres empezaron a preocuparse. No era normal ese comportamiento en su hija. ¿Estaría deprimida?

Nuestra adorada niña tampoco sabía qué le estaba ocurriendo. Solo sabía que tenía relación con lo que sintió en la furgoneta de Ronny. Tampoco podía pedir ayuda a sus padres. Era como si le hubieran cosido la boca, metafóricamente hablando. Su único momento de alivio era cuando echaba las tardes con Lili. Era el único momento en que se sentía ella misma.

Una de esas tardes de confesiones entre amigas en el prado, vio un hombre recogiendo flores con una oz. Se acercó un poco para ver si lo reconocía. Era Ronny. No se quiso acercar mucho por no molestar. Sin embargo, él se giró de repente y se quedó mirándola fijamente con los ojos como idos.

Sabía lo que sus jóvenes piernas le estaban pidiendo: salir corriendo. Por algún motivo, era incapaz de hacerlo aunque lo deseaba con toda su alma. Ronny se fue acercando lentamente manteniendo la mirada. Ruth estaba aterrorizada, sin nada que poder hacer para escapar de esa pesadilla. ¿Estaba soñando? Esperaba que así fuera.

Entre el trance, vio que algo sobresalía del bolsillo interno de su abrigo. Era… ¿Un trozo de madera? Para su suerte, Lili se acercó adonde estaba su mejor amiga. Dios sabrá por qué, las tornas se cambiaron y el asustado pasó a ser Ronny. Se le fueron tras un pestañeo esos ojos poseídos que tenía y cayó arrodillado al suelo, como cansado. No sabía qué estaba haciendo allí. Ruth no se esperó a ver qué ocurría a continuación. Se fue corriendo a casa y guardó en el mismo viaje a Lili en el establo para que no le pasara nada malo. Esa noche no pudo dormir.

Al día siguiente era sábado. Sabía que si no volvía a ese jardín no podría volver a dormir y que algo malo le pasaría. Aprovechó a eso de las once de la mañana que vio salir a padre e hija salir para entrar.

Vio que todo estaba exactamente igual, excepto por un folio en blanco que ahora tenía un dibujo en él. Aparecía una niña de larga melena sin ojos y la cabeza de una vaca cortada. Sabía que ese dibujo era el motivo de su situación. Algo escondía que estaba controlándolas y tenía el presentimiento de que representaba su futuro. El de ella… Y el de Lili.

Ahora la duda que le rondaba en la cabeza era: Si también aparece Lili en el papel, ¿por qué le tenía miedo antes? Pensó en romperlo, pero no sabía con certeza si eso arreglaría su problema o si lo empeoraría. Prefirió guardárselo, llevárselo a casa y estudiarlo.

Al día siguiente, vio que el dibujo había cambiado. Ella era la cabeza cortada y Lili la que tenía los ojos huecos. Ademas, había un mensaje escrito que antes no estaba: devuélveme donde me encontraste o te arrepentirás.

Aterrorizada, bajó las escaleras para ir al establo para comprobar que Lili estuviera bien. Mientras bajaba, escuchó a su madre hablando con alguien. Reconoció la voz. Era Ronny que sonaba preocupado. ¿Qué hacía allí? ¿Sabía que ayer estuvo en su casa?

Sin hacer ruido, se fue al establo. Presenció un escenario que no esperaba ver ni en sueños. Alex estaba junto a Lili, pero Lili estaba acostada e inmóvil. Había llegado tarde. Salió corriendo en dirección a su mejor amiga gritando por encontrar una respuesta. Justo cuando estaba detrás de Alex, se quedó inmóvil y al darse Alex la vuelta, vio los mismos ojos que vio en el padre de ella el día anterior en el prado, pero esta vez tenía sangre estaba alrededor de las comisuras.

Debido a los gritos, Ronny y la madre de Ruth hicieron su aparición por el establo para saber qué estaba pasando. Con tal escena, la madre de Ruth se desmayó instantáneamente y Ronny gritó a su hija: “¡Lextia, no lo hagas! ¡Ella no tiene culpa de nada. Fui yo quien se dejó el dibujo a la vista. Castígame a mi!”.

Con una voz de ultratumba, Lextia dijo: “Así sea”. Alex volvió a la normalidad y el poseído pasó a ser Ronny. Alex estaba aterrorizada por su situación, pero sabía que tenía que actuar rápido, pues si se despistaba, en cuestión de segundos, su nueva amiga y ella podían acabar como Lili. Y quién sabía qué iba a ser de su pobre padre.

Sacó un lápiz negro y rojo que tenía en su bolsillo y con toda su rabia lo partió por la mitad. Automáticamente, tras esto, su padre volvió a la normalidad. Algo había cambiado. Llamaron al padre de Ruth para que fuera a ayudar a su mujer y solucionara el destrozo que ahora era Lili. Se fueron inmediatamente a por el dibujo que estaba a en la habitación de Ruth y a la furgoneta de Ronny. Esta vez, los tres juntos. No sintieron ese aura oscuro que antes habitaba allí, había desaparecido el dibujo de la hoja donde antes estaban Ruth y Lili. Habían desaparecido todos los materiales de dibujo y los folios donde antes Ronny guardaba sus recetas.

“Supongo que ya todo ha acabado”, dijo Ronny. “Siento todo lo ocurrido. No sabíamos que teníamos que hacer para solucionar este problemón. Fui consciente en cuanto te fuiste llorando de nuestra casa. Tenía miedo de que algo malo te pasara. Por eso le dije a Alex que se distanciara de ti y que no volvieras a nuestra casa. Pero supongo que no puedo evitar que Alex se preocupe por ti, lo que provocó que Alex terminara con la posesión en su cuerpo. Supongo que necesitaba un corazón inocente para conseguir su propósito. Nunca hubiera imaginado que solo rompiendo el lápiz se solucionaría todo. Creo que, tras lo sucedido, será mejor que me jubile del food truck y lo envíe a la chatarra y podamos empezar de nuevo aquí como es debido.”

La madre de Ruth se quedó con la idea de que un animal salvaje es el que había matado a Lili. Ruth ya podía vivir tranquila, volvía a ser ella misma. En su interior, no sabía si lo que impidió que muriera aquel día a manos de Ronny-Lextia era la ausencia de un corazón inocente: el de un niño. Pero ella quería pensar que era la amistad que las unía a Lili y a ella lo que la salvó. Había perdido a una amiga, pero había ganado otra.

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