30 días | 29 | Suerte. Reto literario

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Hay dias que es mejor no levantarse de la cama. Llevo un semana dándole esquinazo a Iván. Hoy es la fiesta de precelebración de sus nupcias y hace una semana le besé en un arrebato y ahora no sé ni cómo mirarle a la cara. Ni siquiera sé si su prometida sabe algo, que lo dudo.

A pesar de que hoy casi me atropella un coche que no me vio cruzar por el paso de peatones y de que se me cayó la carpeta de las facturas de casa de los últimos cinco años en el pie derecho, el día no está mal. Tengo la uña un poco perjudicada, pero puedo andar sin problemas. ¿Será el karma?

Mi madre me obligó a ir a la fiesta porque debía apoyar a mi compañero y poner todo en orden. ¿No había otro día, mamá? En fin… Me puse un vestido de ocho sobre diez, que se me viera bien, pero no fuera deslumbrane. Una tiene dignidad, pero no quiere ser el centro de atención. Sobretodo hoy.

Le pedí a mi mejor amigo, que también estaba invitado, que me acompañara esa noche. Sería mi salvavidas si algo sale mal. Fue una buena decisión.

No sé cómo, durante el brindis ella se enteró y me montó un numerito. Estaba aterrada de lo que podía hacer a continuación. Empecé a caminar marcha atrás para huir de forma discreta con tan mala suerte que a unos pocos metros atrás había una antorcha para dar ambiente al exterior. Se cayó y aterrizó sobre los rosales.

Al final, la fiesta estuvo «on fire», aunque no de la manera que todos queríamos. Mi mejor amigo me llevó a casa y no volví a cruzar palabra con Iván más allá de los temas estrictamente profesionales. Eso ya no tenía arreglo, al igual que su pasado futuro matrimonio. Se separaron.

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