30 días | 06 | Nombre. Reto literario

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Recuerdo que de pequeña hacía amigos con facilidad, a pesar de ser una persona independiente, tímida y reservada. No sé qué ha tenido siempre mi cara para encontrar amigos sin buscarlos.

Pero no nos engañemos. No son amigos para toda la vida, sino para esa ocasión, digamos. Recuerdo tres en particular. No recuerdo el nombre de una de ellas, pero porque fue la más breve y menos importante de ellas. Solo me enseñó a hablar con desconocidos. (●´・艸・)

La primera de ellas la conocí en tercero de primaria. Era una chica colombiana orgullosa de sus orígenes. Se llamaba Helen, con una ele. Venia conmigo a clase e iba a su casa todas las tardes. Hacíamos los deberes juntas y me regaló su muñeco de plástico de Flik, el protagonista de Bichos. Me entristeció que a los siete meses se volviera a su país. Ya no volví a saber nada más de ella.

La segunda, cuyo nombre no recuerdo, era de Valencia. La conocí por fiestas de mi pueblo, pues sus padres eran amigos de mi tía. Era una chica pelirroja con pequitas atrevida y vivaracha. Solo la vi durante dos semanas y no pude mantener el contacto (en esa época tener móviles los niños era algo muy raro de ver), pero nunca olvidaré cuando tiramos espuma en spray al niño del palco vecino y contraatacó recibiendo también mi tío, o cuando se nos cayó una cáscara de pipa sobre la calva del hombre que había debajo nuestra y nunca se enteró de que fuimos nosotras, pero sin querer. Palabrita.

La tercera es la más importante. La que recuerdo hasta el nombre de su hermano pequeño Quico y sus secretos: Berta. La conocí en quinto de primaria. Llego al mismo tiempo que Cintia, con quien aún tengo contacto. Pasaba más tiempo en su casa que en la mía. Su madre, divorciada, trabajaba casi todo el día. Por ello, Berta hacía de ama de casa y de madre a diario. Por suerte, le gustaba.

Yo la ayudaba y me enseñaba trucos para ahorrar dinero y optimizar el tiempo. Y lo más importante. Nunca faltaba la tarde que a las 17:00h con la merienda veíamos Digimon. En nuestro tiempo libre dibujábamos. A ella se le daba mil veces mejor. Ja, ja. Al cabo de dos años se tuvo que ir a otra ciudad porque su madre cambiaba de trabajo. Desde entonces nos hemos vuelto a ver una sola vez. Nunca te olvidaré, tata.

Las personas vienen y van, pero los recuerdos se quedan. La vida son momentos. Hay que atesorar y disfrutar cada vivencia. Y recordad:

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