Que su tamaño no te engañe

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Hace casi dos semanas tuve un par de días muy malos. Todavía me persiguen sus fantasmas y evito como puedo que se repita. Pensando en ello, me acordé que ese domingo después de la tempestad, mi corazoncito me pedía a gritos vacíar la mente.

En ocasiones como esa, el cuerpo me pide -además de unas vacaciones- jugar. Para ese tipo de situaciones suelo recurrir a la saga Kingdom Hearts. Para mi es como la medicina de la alegría. Me ha aportado tantos buenos momentos… Sin embargo, esta vez necesitaba algo más fuerte. Algo que me vaciara la mente POR COMPLETO. La solución fue Puzzle Bobble.

Puzzle Bobble es como satanás reencarnado en un videojuego o algo similar. Tentándote con los colores, la música y su necesidad de dejar los paneles perfectamente limpios. Yo me dejo llevar y sucumbo a la tentación del pecado que debe ser que te vacíe la cabeza cual bote de aceitunas solo por jugar unos pocos niveles.

Tan pequeños, tan cucos y tan mortales (≖ᴗ≖✿)

Recuerdo mi época en casa de mi padre con mi portátil de la pre prehistoria -dos veces pre- marca Acer con Windows Vista Home. Una maravilla… Como no servía ni de pisapapeles, echaba mano de Mame y jugaba a los juegos que disfrutaban mis hermanos durante las tardes de su infancia en el salón de máquinas recreativas. Un día os tengo que hacer una lista de los títulos que más he jugado de recreativas.

Durante un tiempo, mi mayor droga fue el Puzzle Bobble y otro juego similar cuyo nombre muy a mi pesar no recuerdo que era de un gato pescador que las bolas iban al revés: de abajo hacia arriba. Podía echarme horas jugando. Por supuesto, siempre me ponía a ello cuanto tenía los deberes hechos. Por esto siempre me llamaban empollona, a pesar de estudiar lo justo para sacar notas decentes (sietes y ochos)…

He tenido la suerte de nunca haber tenido adicción a los videojuegos. Para mí siempre han sido una vía de escape, no una medicina para pasar un día más de mi vida. Nunca me ha sobrado, pero tampoco me ha faltado nada en la vida. Agradezco haber tenido a mi lado a los amigos y los videojuegos cuando los he necesitado.

Y tras haberme desahogado contándoos esto como el que escribe su pesadilla en un papel y luego lo quema para que no se repita, me marcho tan a gusto y me vuelvo a mi bugcueva a ver cómo mueren más monstruos cayendo de sus burbujas. ¡Muajajaja! Y no voy a comentar lo que me parecen las burbujas al reventar… D’:

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