No me toques los fus que me conozco

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En casa teníamos los juegos contados. Ninguno era tan largo como para que necesitaras memorizar códigos para continuar donde te mataron. Aún menos que contaran con memoria para guardar partida. Eso es demasiado moderno. A pesar de ello, por mucho que jugáramos una y otra vez a los mismos títulos, nunca nos cansábamos de ellos. Al aparecer los enemigos (fichas en el caso del tetris) de forma aleatoria o al poder personalizar la experiencia en el Nintendo World Cup para cambiar el grado de dificultad, cada partida era única.

Uno de esos juegos era el Kung-Fu Master. Juego con el cual he llegado a tener incluso pesadillas por su dificultad. ¿Sabes ese momento en que has intentado tantas veces un mismo escenario que se te queda la canción metida en la cabeza taladrando? Pues así estaba. Lo peor era cuando un grupito de matones me agarraba y en un par de segundos te drenaban toda la vida sin poder soltarte a tiempo. Realmente, no era tan difícil. Solo es saber sincronizar tu movimientos con los ataques que te lanza, pero recordemos que yo moría en el primer mundo de Super Mario Bros. Era ensayo y error.

Este año pasado conseguí terminar todos los niveles y me sentí tan orgullosa que hasta me guardé una captura para tener el recuerdo y pruebas de mi momento de superación. Es como el Donkey Kong, que cuando lo terminas, vuelves a empezar con ayor dificultad. Ni lo intenté. No quería deprimirme por verme morir después de haber ganado. Ja, ja.

Con el tiempo, aprendí a no ir a lo kamikaze (en este juego). Atacar cuando fuera necesario y esquivar o evitar un enemigo cuando fuera posible. Sobretodo las serpientes del segundo piso. ¡Qué horror de enemigo! Con esto aprendí que Kung-Fu Master pertenece al género beat em’ up, pero de los de pensar, ya que no es necesario matar a todos los enemigos ni superar todos los obstáculos para seguir avanzando, siempre que venzamos al minijefe del final del pasillo, que sí es obligatorio. Si intentas saltártelo, te meten una colleja que se te quitan hasta las ganas de mear.

Lo que más me gustaba, y por eso siempre volvía (a pesar de las pesadillas…), es la dificultad progresiva según ibas subiendo pisos. Al final de cada uno tenías un minijefe, como mencioné antes, que te ponía a prueba para ver si estabas aprendiendo y mejorando o si estabas todo el tiempo igual de verde que al empezar. Aún así, diría que el último minijefe es el más fácil de todos. O quizá tuve uerte el año pasado cuando le vencí. No lo sé.

Lo que sí sé es que me saqué una espinita que hacía años que tenía clavada. Ya quedan menos para cumplir mi objetivo. También tenía el Rayman 3, que lo superé hace 2 años creo que hace ya, también tengo el Soul Reaver que lo tengo pendiente, tengo el Nintendo World Cup que ese dudo que lo consiga algún día porque se me hace larguísimo de terminar el campeonato, y más que ahora no recuerdo, pero seguro que los terminaré superando.

Y para los que habéis leído hasta aquí tengo una sorpresita. Buscando en Google cómo se escribía bien el nombre porque nunca me acuerdo si es con guión o sin, he encontrado que hace unos años unos fans crearon una secuela para un concurso y ganó primer lugar. Es el mismo juego con pixeles actualizados (más gordos, vaya), con habilidades añadidas que vas ganando y sangriento. Yo lo voy a probar. Si queréis probarlo también, os dejo el enlace de la página oficial para su descarga:

Kung Fu II

Mr. X ha secuestrado a nuestra amada Sylvia y la tiene retenida a lo alto de su «piso franco». No le podemos permitir que se quede con ella. Debemos rescatarla y demostrarle quién manda. ¡Que el mundo entero lo sepa!

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